“¿podrías decirme, que camino he de tomar para salir
de aquí?- Preguntó Alicia.- Depende mucho del lugar
a dónde quieras ir- contestó el gato.- Me da casi igual
donde - dijo Alicia. Entonces no importa qué camino
sigas - dijo el gato.”
Lewis Carroll
Alicia en el país de las maravillas
Soy
consciente que escribir sobre política en Honduras, al igual que sobre
cualquier otra área del saber o de la cultura en general, es una aventura sobre
todo sí se hace desde la academia por una razón sencilla de explicar: el nivel
de lectura es muy bajo, el interés es aún más bajo y, en el caso de la política,
-siendo una actividad tan desprestigiada por los “políticos”- la aventura corre
el riesgo de pasar desapercibida por quienes deberían interesarse en lo que se
dice, de lo “piensan” y hacen: los “políticos”.
Esto no es nuevo, ni tampoco es exclusivo de
Honduras, basta recordar el debate que se produjo en América Latina en la segunda
mitad del siglo XIX, entre escritores y pensadores liberales y conservadores
sobre temas como las libertades, los derechos políticos, las creencias
religiosas o el espíritu de las Constituciones.
Además, siempre ha existido una relación
tormentosa entre política y academia, o dicho de otra manera, entre políticos e
intelectuales de manera más acentuada en países donde la clase política
muestra escasa evolución. Los primeros,
porque se creen autosuficientes para desempeñarse desde la “práctica” o desde lo
instrumental de la política (procesos electorales) sin tener que recurrir a las
ideas. Mientras los segundos, creen estas calificados para iluminar con sus
consejos políticos la forma de gobernar, encarnada ya sea en un emperador, un
rey, por el soberano, por un tirano, por el jefe de Estado, por el Presidente o
por los altos cargos de un partido o una organización gremial.
Sin embargo, no es posible conocer y estudiar la
historia en general y la política en particular, sin la desmitificación que de
la realidad hacen los pensadores. Por ejemplo, no hubiese sido posible describir
y analizar adecuadamente los procesos de independencia, la construcción de los
Estados nacionales, las guerras o los procesos sociales, sin la referencia al
punto de vista del saber, de los letrados, de los artistas, de los poetas y de
la cultura producida por ellos.
Pues bien, el inédito e inesperado proceso
socio-político que sin imaginarlo desencadenó el golpe militar de 2009, pone de
manifiesto una vez más, la vieja relación entre políticos e intelectuales.
Primero, para explicar lo que está sucediendo y segundo, para saber sí es
cierto que eso que en cierta jerga llaman “nuevo sujeto social”, es capaz de
modificar las relaciones de poder existentes e imponer otras distintas de manera
que pueda cambiar las formas sociales prevalecientes.
Esa tarea, se hace en atención a las nuevas
formas de participación y también en atención a cómo se interpreta la nueva
realidad y desde qué perspectivas políticas, pero ello, tiene una dificultad
muy grande: cuando se trata de algo “nuevo” -y por lógica, distinto- no puede quedar en manos de los “prácticos”
porque proponer un cambio social tiene implicaciones de enorme complejidad que
como hemos dicho en otras ocasiones, se resumen en tres: una complejidad
intelectual, una complejidad de política-práctica y una complejidad técnica. En
términos más sencillos: cómo se concibe el cambio social, cómo se hace y
quienes lo harán.
Las respuestas fáciles a éstas cuestiones, sólo
llevan a desconfiar de ellas o a deducir, que el cambio social se vuelve una
quimera o la hoguera de las vanidades de los responsables políticos.
Me gusta
pero me asusta
Lo que ha sucedido alrededor de LIBRE en los
últimos días, apunta en la dirección de lo dicho en líneas anteriores, en la
medida que no se es capaz de tener un diseño político medianamente coherente,
seguiremos observando episodios propios de la tradición política y de la
improvisación. No es el primero, ya van varios, pero al parecer puede más “lo
práctico”, “en el camino se arreglan las maletas”, “a mí nadie me da lecciones
de política”, “nosotros no transmitimos”, “los golpistas a la cola”, “ya
veremos el lunes” etc. y todo, en medio
de un ambiente donde algunas cosas se vuelven a los menos sospechosas, ambiente
en el que, la cacareada trasparencia y la democracia participativa, aparecen como
meras frases propias de la demagogia de politiqueros de poca monta.
La demostración de sacrificio, de decisión y de
aspiraciones a un cambio real y no como “voladura” que dio el pueblo en Santa
Bárbara el 1º de julio, es una renovación de que las esperanzas de una
redención en la medida de lo posible, es posible, que la decisión de luchar
sigue intacta, que la represión y la violación sistemática a los Derechos
Humanos en éstos tres años, no han amedrentado al pueblo y por supuesto, que el
ex presidente Zelaya, es el líder de todo éste proceso en el que la ahora
candidata, debe ocupar el lugar que corresponde en un proyecto político que se
espera sea novedoso, atractivo y eficiente.
Sin embargo, paralelo a esa demostración de poder
que hicieron sobre todo los más humildes, los sencillos, los postergados, el
“populacho” o la “chusma” como se refiere a ellos la derecha y que el sistema
ha excluido por tanto tiempo, se vuelve necesario revisar algunas cosas, a saber, a) el liderazgo debe fomentar las
institucionalización de las decisiones para que LIBRE se muestre diferente,
resulta una contradicción inmensa hablar del “fin del bipartidismo” cuando al
interior se reproduce aquello que tanto se rechaza, b) ya es tiempo de llevar a
las instancias formales del LIBRE, la discusión de los temas más importantes
como el de la “refundación”, por ello, el discurso de los “teloneros” (los que
hablan antes de las figuras principales) aparece desconectado de la realidad,
repetitivos y con poca claridad lo que demuestra, la escasa formación política
de quienes se dicen abanderados de la “refundación”, c) relacionado con lo
anterior, se impone una discusión a fondo sobre cómo se concibe el “socialismo
democrático” pues de lo contrario, es agregar una complejidad teórico-político
a mi juicio, innecesaria más allá de la frase, d) por lo que se ha visto hasta
ahora, de la misma manera que el pueblo desbordó cualquier cálculo en Santa
Bárbara, también se nota el desbordamiento con respecto al qué hacer en los términos que Lenin planteó la disyuntiva política,
e) en América Latina se rompió el viejo estereotipo de la izquierda socialista,
comunista o social-demócrata para dar paso a una izquierda que busca construir
un modelo de desarrollo desde una perspectiva democratizadora de las relaciones
de producción, y ahora desde los movimientos sociales como la expresión de
ciudadanos con capacidad de organizarse para participar e incidir, encasillarse
no sirve de nada, f) la gente se encuentra atenta no sólo a las decisiones que
se toman como lo demostró el episodio de la transmisión del evento en Santa Bárbara,
también está a la expectativa de las personas responsables del proceso y no
quiere ver a los mismos (as) de siempre, algo de esto comenzó a aflorar estos
días en algunos medios de comunicación, y g) estructurar una alianza entre
trabajo teórico y trabajo práctico, porque esa es una manera también de hacer
patria de un modo distinto, eso es lo que han hecho los pensadores en distintas
épocas.
Alguien dijo que la clase media fue hecha para
que sobre ella recayera la mayor parte de los sacrificios sociales, por su
capacidad de pagar impuestos ya que los más pobres ni eso pueden. Efectivamente,
los costos de las medidas neoliberales han sido pagados por la clase media en
todos los países, y, los detalles del empobrecimiento fueron mostrados con toda
claridad por los pensadores porque además de contribuir a desterrar la
ignorancia, también han denunciado las desigualdades y en procesos políticos
como el que está en marcha en Honduras, su conocimiento puede proporcionar
dirección fundacional, proporcionando luz pero sin ser lazarillos.
Por último, sí se cree que el bipartidismo y sus
apéndices están agotados como fuerzas generadoras de cambio, y que por el
contrario, ello está en las fuerzas sociales o en LIBRE, se necesitan unos
argumentos más contundentes y un discurso más y mejor elaborado, además, sí es
que se quiere mostrar la resistencia que se hace internacionalmente al
neoliberalismo y relacionarlo con el proceso político que es la resistencia
hondureña, es menester dejar atrás las ideas improvisadas y por derivación, a
los improvisados.
Las “grietas” que se le están abriendo al
capitalismo en otras partes, y demostrar su incompatibilidad con la democracia,
no es asunto de ocurrencias ni de ocurrentes.
La idea de cambio social, es una de las más
complejas que el hombre pudo crear, pues
se trata de modificar infinitas relaciones que al interior de la sociedad se
han establecido por decenas de años y de múltiples maneras. También soy
consciente que escribir sobre éstos temas, y relacionarlos con la actividad
política que se desarrolla en Honduras, es como hablarle a la pared o como
gritar en el desierto cuando se sabe que no habrá eco; ¿y entonces por qué
hacerlo? por eso que el gato dijo, cuando Alicia le preguntó.
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