El Principio del fin
“No hay mal que dure
cien años, ni cuerpo que lo resista”
Dicho popular.
A partir de 28 de junio de 2009, la vulgata mediática del golpismo
como expresión directa de la derecha
atrasada de Honduras, se empecinó en hacerle creer a quienes siempre han visto
como inferiores, es decir, a los más sencillos y humildes, que aquí excepto por
la “crisis” – así llaman al golpe de Estado- “la vida sigue igual”: equivocación total.
La polarización que produjo en la sociedad el
golpe de Estado, con todas sus consecuencias, hizo que resultara un fenómeno “extraño” para una sociedad conservadora
como la hondureña: la politización de amplias capas sociales y la toma de
conciencia de las verdaderas razones de su pobreza y exclusión social a la que
han estado sometidas por siempre.
Esa toma de conciencia, un poco ingenua pero
clara, ha tenido durante estos años
posteriores al golpe de Estado, un efecto poderoso: deslegitimó al sistema en su conjunto. El pueblo sabía de la
debilidad institucional del Estado, pero lo que no sabía, era las causas de esa
debilidad, creía que la verdadera razón de su situación de pobreza y miseria
estaba en las instituciones políticas como los partidos, el congreso o las instancias administrativas del gobierno
– una verdad a medias- sin embargo descubrió que ambos, son sólo instrumentos
de otros poderes a los que hoy, identifica plenamente como los responsables de
su situación: la oligarquía.
Pero lo más importante, es que el pueblo
descubrió lo anterior, a través de la verdad que los medios le habían ocultado
siempre. Se produjo entonces, una mayor “politización” de la sociedad, ya sea
para mantener el status quo por parte de unos, o para cambiarlo por parte de otros;
de lo anterior, se puede deducir que el voto en las elecciones primarias e
internas del próximo domingo, como en las elecciones generales de 2013, será más politizado, otro efecto no deseado
por los grupos que instrumentalizaron el golpe de Estado.
Ahora bien, como hemos dicho en otras
ocasiones, en el 2013, por primera vez desde 1925, en Honduras se pondrá en juego el poder, es decir, será la
primera vez que un partido ideológicamente distinto a los tradicionales,
compita por el poder con reales posibilidades de acceder al él. El bipartidismo
a diferencia de lo que se cree, no comenzó con el surgimiento de los partidos
que lo conforman (el Liberal y Nacional) sino en 1925, cuando después de la
última Guerra Civil de 1924, los candidatos de los partidos, se pusieron de
acuerdo en aceptar el triunfo del otro sobre la base de “la legitimidad de los
resultados electorales y el compromiso de traspasar pacíficamente el poder”.
Desde esa fecha en adelante, el mando se
traspasó de un partido a otro, instaurándose lo que ahora conocemos como
bipartidismo cuya aspiración, es la conquista del Estado, que lo convirtió en
su botín principal desde aquella época.
El fin de esa forma de repartirse el “poder”,
será en 2013, ya sea que LIBRE alcance la mayoría del poder o una parte del
poder. Las implicaciones políticas, económicas y sociales del fin del partidismo
pueden ser trascendentes según la nueva correlación de fuerzas que surja de las
elecciones generales, por una parte, y por otra, de la capacidad de LIBRE para
construir una propuesta programática alrededor de las tres ideas fuerza que ha
enarbolado desde la resistencia: convocar a una Asamblea Nacional Constituyente
(ANC), la idea de la Refundación y últimamente, el “Socialismo Democrático”.
Es claro, que en términos de propuesta esa es
la novedad política, que traerá sin duda tensiones, porque en teoría, supone el
fin de la instrumentalización de una parte de la clase política, el fin de la
repartición de los privilegios para una parte de las élites dominantes y el fin
de una forma de gobernar. Repito, teóricamente.
Por otro lado, el fin del bipartidismo,
modificará sin duda el régimen político más que el sistema, si entendemos que
el régimen es la forma como se reparte el poder dentro del sistema político.
Además, para que lo anterior se pueda
convertir en parte de la “nueva” realidad política que surgirá a partir del año
2014, dependerá de lo que digan los candidatos desde del 19 de noviembre y más
aún, en el 2013. A diferencia de las campañas anteriores, LIBRE, puede obligar
a los candidatos de los partidos de la derecha, a abordar los temas que el
bipartidismo siempre se negó a discutir por razones de su configuración propia:
el cambio del Estado, del gobierno y de la sociedad.
Pero ese “obligar”, sólo se puede hacer con
ideas de gobierno y de Estado, no con pronunciamientos ni con panfletos, sí aceptamos
que gobernar es una responsabilidad, devenimos obligados a elaborar una
propuesta de transformación profunda de manera que el pueblo se vea interpelado
a escoger por primera vez, entre dos visiones distintas de cómo hacer avanzar
el país hacia una sociedad más justa y con menos desigualdades. De parte de
LIBRE, el reto es no caer en la quimera del igualitarismo que sólo ha existido en
las utopías medievales de ríos de leche y miel.
El 18N, tenemos la obligación ética de
movilizar a toda la resistencia, a todos los militantes de LIBRE, a sus
simpatizantes y a otros sectores progresistas en esta nueva etapa de la lucha
para hacer realidad la consigna aquella: “de las calles a las urnas”, no nos
obsesionemos con un número – deseamos que sea importante- porque en las
condiciones de represión a las que ha sometido al pueblo, muchas personas no
querrán exponerse en las elecciones internas por distintas razones que
condicionan su voluntad de asistir.
En los más de diez mil kilómetros recorridos
por nuestra candidata en todo este tiempo, se pudo observar que la decisión de
cambio del pueblo sigue intacta, que las convicciones se mantienen, que las
aspiraciones son enormes y las expectativas gigantescas. El pueblo sólo espera
el domingo por la revancha, pero no una revancha con odio ni venganza sino, de
justicia y de homenaje a los caídos, a los golpeados, a las mujeres violadas, a
los ultrajados, a los humillados, a los perseguidos y a los exiliados.
El
domingo, es el principio del fin.
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