Cuando ciertas ideas
se vuelven inservibles
“Entre los muchos
errores que hemos cometido todos,
el más importante era
creer que alguien sabía de
socialismo o que
alguien sabía cómo se construye.”
Fidel
Castro. 2011
Los
sueños
En
una ocasión, Antonio Machado manifestó que “después de la verdad, no hay nada
más bello que la ficción”, mientras, el pensamiento utópico postula que la
realidad comienza a manifestarse a nivel ideal como imagen de un deseo que se
convierta en realidad. En el plano político y sobre todo cuando de construir
órdenes sociales se ha tratado, estas formas de pensamiento se despliegan con
gran notoriedad histórica reflejando condiciones y aspiraciones de individuos y
clases sociales.
En
efecto, los poetas y filósofos han recurrido a Utopía para idealizar un país que a través de la historia ha ido
cambiando de lugar y de características, pero mantiene el principio de la
esperanza casi mágica, de la abundancia como en el País de Cucaña donde la felicidad se realiza materialmente por
medio de “Bellos y espléndidos ríos de aceite, de leche, de miel, de vino” y,
también, por el espíritu social que habla de un país en paz, “Siempre el día,
jamás la noche, ni querellas ni luchas, tampoco muerte, sino una vida eterna…”.
Esta
doble aspiración, es decir, de abundancia material y de justicia social,
también se manifiesta en la Utopía estoica del mundo griego, “Las Islas del sol”, como en las
posteriores: “La Ciudad del Sol” de
Campanella y en la de Tomás Moro, Utopía (utopías del renacimiento)
Posteriormente,
la Revolución Inglesa y la Revolución Francesa, introdujeron elementos nuevos
en la vida del hombre, como que la naturaleza humana no es inmutable, por el
contrario, se encuentra sujeta a la perfeccionabilidad dentro de las
condiciones reales de vida, es decir, es producto de su medio, de la sociedad
en la que vive. Este hecho, cambió la naturaleza de Utopía pues en el pasado, aparecía como un mundo acabado e
invariable, la República de Platón
por ejemplo, fue vista como una verdadera forma de sociedad. En cambio, las
nuevas Utopías tendrán en la idea de
progreso el nuevo rasgo que las caracterizará en adelante, sobre todo, a partir
del aparecimiento de los avances de la técnica y la división social del trabajo
que impone duras condiciones de vida a los trabajadores, quienes se ven
empujados hacia las ciudades donde se ubican la fábricas. La razón, ya había
subido a los altares.
Esta
circunstancia, hace que los escritores utópicos comiencen a pensar en
determinadas formas de organización social en la que desaparezcan las terribles
condiciones del los trabajadores, para dar paso al sueño de una comuna del
pueblo que podría representar el reino de la necesidad y la libertad. Es el caso
de C. Marx, que emprende la crítica contra la falsa conciencia que confunde lo
natural con lo histórico.
Después,
las nuevas utopías se dirigirán por un lado, a conservar el statu quo como mejoramiento de lo
natural (la pobreza, es considerada por el pensamiento conservador como algo
natural) y por otro, relacionar las utopías con la política, la economía, la
ética y la igualdad. Luego, aparecieron los pensadores que hablan de la utopía
como aquello que no es pero que puede llegar a ser, o dicho de otra manera,
utopía es “lo imposible que delimita lo posible”, pero también es “lo imposible que orienta lo posible”.
Lo
anterior quiere decir que una cosa es
lo pensable, otra lo factible y una distinta lo posible como momentos del
pensamiento utópico. Sí lo anterior se
lleva al campo social, el pensamiento utópico no tiene la capacidad para
revertir situaciones reales pero sí, un “efecto movilizador” porque por
definición, utopía tiene la connotación de imposibilidad y por esa razón, se la
dota de cierta racionalidad y de ahí, la idea de que “quien no se atreve a concebir lo imposible, jamás puede descubrir lo
que es posible”.
Lo
posible sólo es visualizado al someter lo imposible al criterio de
factibilidad, es decir, saber si lo imposible es posible. Esto, si lo extrapolamos
al mundo de la política llegamos al realismo, como aquel momento en el que la
razón política hace posible por una vía distinta lo imposible, pero conservando
los principios que animan la política, esa es la diferencia entre realismo
político y pragmatismo ya que éste último, se emparenta más con el oportunismo.
Hasta
aquí, se ha tratado de mostrar cómo el pensamiento utópico ha estado presente
cuando el hombre intenta crear órdenes sociales ideales o que se aproximen a
ello, por eso, hoy es común escuchar frases como “otro mundo es posible”, “no
vamos a renunciar a la utopía” o “siempre hay que tener una utopía”, todas
dichas desde movimientos sociales, grupos contestatarios o partidos políticos.
Pero las utopías, si no tienen fundamento racional, son solamente utopías y,
por ello, cuando recurrimos al uso del término es necesario dotarlo de ciertos
pensamientos que son al final, los que mueven los proyectos sociales y de otra
índole, claro está.
El delirio
No
cabe duda que el golpe de Estado del 28J, es la gran avería del régimen
político y del sistema de poder en Honduras, pero para que eso termine de ser
cierto, hay que oponerle algo distinto a lo que ha existido por décadas en el
país en términos de poder, de democracia, de formas económicas, culturales y de
dominación en general.
Pero
eso “distinto”, no se construye con fórmulas del pasado que fracasaron en la
misma dimensión que lo ha hecho el neoliberalismo. Tampoco se construye con
“ocurrencias” como el “socialismo primitivo”, (vamos para atrás en lugar de ir
para adelante) viendo la historia con los ojos en la nuca o como hacen algunos,
que en un alarde de desconocimiento de lo más elemental de la política,
confunden el papel de dirigentes sociales con el de dirigentes políticos y
viceversa. Una rápida mirada de la historia latinoamericana, nos permite darnos
cuenta fácilmente, que la política transcurre por ciclos, por lo menos ha sido
así en los últimos cincuenta años, y sí nos fijamos bien, esos ciclos han
durado una década o un poco más; eso duró el populismo de los años 70, eso
duraron los regímenes militares y eso duró el neoliberalismo (la década
perdida).
El actual proceso de cambios reformistas que
se observa, comenzó en 1998 con la llegada al poder Hugo Chávez en Venezuela,
siguió Bolivia, Ecuador y últimamente Argentina. Ha habido grandes avances en
materia social, económica y cultural, sobre todo, en la recuperación del rol
del Estado que el neoliberalismo había reducido al mínimo en provecho del
mercado para la acumulación de riqueza de unos pocos, a costa de la pobreza de
millones de latinoamericanos.
Sin
embargo, y como no todo lo que brilla es oro, quienes se dedican al estudio de
estos procesos argumentan que algunos de esos cambios, son irreversibles, que
ya nada volverá al estado en el que se encontraban esos países antes de
iniciado el cambio, pero cuando se
preguntan sí esos procesos en la actualidad se encuentran fortalecidos o
debilitados, no tienen una repuesta unívoca por diferentes razones que se
reducen a dos factores: uno, por el cambiante entorno económico internacional que gravita
negativamente sobre todo, en aquellos países que conservan un modelo económico basado
mayormente en el extractivismo ya que la industrialización requiere muchos
recursos, conocimiento, experiencia y sobre todo lleva tiempo, y dos, por
factores internos derivados de conflictos puntuales que llevan al desgaste de
los gobiernos, hecho que puede ir restando los apoyos originales a favor del
fortalecimiento de los sectores opositores de la derecha, aún cuando el
desgaste, no suponga un cuestionamiento al modelo.
Pues
bien, ¿cuánto durará el actual ciclo? Es difícil saberlo, vale recordar que a
diferencia de los anteriores, a éste en el que nos encontramos, se llegó a
través de procesos electorales y que cuando cambie, lo hará por la misma vía.
Luego, “esto” que algunos dicen que está en construcción en Honduras ¿toma en
cuenta esos ciclos?, ¿se construirá cuando el actual ciclo esté terminando de
la misma manera que se intentó la revolución en Centroamérica, cuando el
entorno internacional había cambiado y la revolución se vio tardía? ¿cederemos a los infantilismos y maximalismos
del pasado que nunca han tenido las más mínima posibilidad de disputar el
poder? O por el contrario ¿terminará prevaleciendo el realismo político
presente en la utopía?
Las
utopías no se hacen realidad con “chifladuras” – en el sentido que Marx usó el
término, para referirse a aquel pensamiento que no está relacionado con la
realidad- ni con cualquier “modelo” que
resuelva los problemas de la gente. A veces, se llega no hasta donde dice nuestro
talento, sino, hasta donde nos dejan avanzar nuestras debilidades, pero parece
que esto no lo entienden los que creen que todavía están en las barricadas o
los que van camino a convertirse en politiqueros tradicionales, que confunden
la indignación del pueblo con la toma de conciencia para asimilar un cambio
social radical, sin que haya sido explicado en qué consiste, (porque no existe)
cómo se hace y quiénes lo harán.
La
“toma del poder”, “muerte al bipartidismo”, el “fin de la oligarquía”, fin “al
Estado neoliberal”, “socialismo catracho” y un largo etc. ¿son parte de la
utopía? Y en caso de que lo fuera ¿cómo se hace realidad cada uno de esos
“fin”? ¿se está en capacidad de acometer
semejante tarea? ¿es parte de nuestra realidad y de nuestras fuerzas? ¿ tenemos
seguridad que eso es lo que desea el pueblo? o ¿es que son sólo frases para la
pancarta? Las pancartas también reflejan realidades.
Mientras
no se explique qué es y cómo se hace lo anterior, el “socialismo catracho” o
“primitivo”, no está en la realidad y menos en la cabeza, sino, en el delirio.
Leer a Fidel Castro, vendría bien.
En tanto, oligarcas,
pueden dormir tranquilos, la “refundación” no los alcanzará.
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