sábado, 2 de junio de 2012

LIBRE


¿Más de lo mismo o algo distinto?


“… una organización de nuevo tipo (más democrática, más ofensiva,
más popular) con un programa de crítica al ultraliberalismo,  estructu-
-rarse y ganar las elecciones para ir a una constituyente. Es posible.”
Ignacio Ramonet 



Rara  avis
En las Ciencias Sociales, el tema de la identidad política sobre todo de los partidos, viene dada desde tres fuentes: la primera, tiene que ver con el ambiente en el que nacen sea éste en circunstancias de lucha, de crisis o de estabilidad social, la segunda, por la cultura política del sistema que puede ser democrática, tolerante o autoritaria y por último, por la influencia de sus líderes que dejan la impronta de su pensamiento en el partido. Esto ha sucedido en varios países latinoamericanos, uno de los casos más emblemáticos que se puede citar es el de la Alianza Popular Americana (APRA) en Perú, fundada por Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) quien además fue un pensador e ideólogo del Partido Aprista Peruano.
El mismo Haya de La Torre – que era un ilustrado y a la vez luchador social y “… por accidente, un político”, como solía decir – se encargaba de organizar seminarios de formación política en temas relacionados con la dialéctica hegeliana, marxismo y oratoria; en la convicción, que la conciencia social se adquiere con la ciencia.
Debido al descrédito que se observa en los partidos políticos desde hace ya varias décadas, y al desaparecimiento de los llamados partidos tradicionales que surgieron a partir de comienzos del siglo pasado, en América Latina ya no es posible observar la construcción de partidos estructurados como los que surgieron a la luz de las grandes corrientes de pensamiento político internacionales como el liberalismo, el social cristianismo y el socialismo  con todas sus variantes.
Hoy, en lugar de ello, la organicidad política adquiere forma de conglomerados, coaliciones, alianzas o frentes instrumentales alrededor de un programa o simplemente alianzas electorales; la región está llena de ejemplos. En parte, porque la complejidad y variedad de problemas que afrontan las sociedades modernas, hacen que no exista una fuerza que por sí sola tenga la capacidad de  resolverlos y por otra, por la emergencia de una serie de fuerzas sociales que luchan desde sus propios espacios, por temas como el medio ambiente, la diversidad sexual, las etnias, la juventud o las mujeres que poco a poco han ido imponiendo sus temas en la agenda pública y en la de los gobiernos.
En Honduras contra toda lógica política - y como un producto no deseado y menos esperado por las fuerzas que perpetraron el rompimiento constitucional el 28J- ha comenzado el surgimiento de una nueva fuerza de carácter nacional que representa un desafío para el obtuso sistema político, que desafía a las clases dominantes pero que a la vez, significa un reto para sí misma en términos de concebirse como una alternativa real de poder, no solamente por el apoyo que pueda concitar en el pueblo, sino, por su capacidad creativa de presentarse como algo distinto a los existente.
El primer desafío del partido denominado Libertad y Refundación (LIBRE), es asimilarse como una verdadera alternativa de poder porque en política como en otros aspectos, no hay nada más seductor que ver a otro político con poder. Los inicios de LIBRE no han sido los mejores si nos atenemos a lo azaroso de su fundación y lo que ya se sabe sobre el nombre, que si nos fijamos, su identidad es más bien difusa porque no es producto (el nombre) del ambiente de La Resistencia, tampoco de la cultura política del país y menos de la influencia de las ideas de su liderazgo sino, del marketing comercial extrapolado a la política. Hey! ¿Estás con migo?  ¡Claro,  Estoy con  tigo!  Y como somos Libres, ¡tomamos  Coca Cola la chispa de la vida!
En la política tradicional el peso de lo simbólico no existe porque no es parte de la comprensión que se tiene de los fenómenos sociales, da lo mismo llamarse de una manera que de otra, es más importante la envoltura que el producto y según algunos, seguimos teniendo añoranzas por caudillos del pasado que “sabían mandar” y tenían “autoridad”, desconociendo con ello, los cambios y la complejidades de las sociedades actuales en las que la “autoridad” adquiere la forma de acuerdo, consenso, diálogo y no autoritarismo.

Acuerdo Programático: la verdadera radicalidad política

Desde el golpe de Estado militar, hemos asistido a un despertar no solo de las conciencias (más desde las emociones que de la ciencia como decía Haya de la Torre) también del pensamiento, hasta de los “teoricismos” y “academicismos”  como señalan algunos, lo que de ser cierto, representaría un avance del pensamiento sobre todo, del pensamiento crítico ausente por mucho tiempo también en quienes hacen dichos señalamientos.
También en el contexto de La Resistencia,  han surgido momentos de exaltación en forma de virus y en otras ocasiones, de “barras bravas” a la usanza de la derecha más reaccionaria, además han aparecido “discusiones tóxicas” sobre la “revolución”, la “refundación”, la “insurrección”, la “auto convocatoria”, el “socialismo catracho” y todos los maximalismos del pasado. Pero en todas las discusiones, la gran ausente ha sido la política siendo que solo ella cambia las cosas ya que sin la política, lo demás es pura aventura.
Lo claro en LIBRE es lo siguiente: el liderazgo del ex presidente Zelaya, contar una candidata de consenso y el apoyo popular. Lo gris, es la carencia de unas ideas que sirvan para dar identidad al partido mismo y a una posible propuesta de cambio social; coexisten en ese ámbito, “chifladuras” por doquier, desde el rechazo al proceso electoral por “burgués”, hasta “el socialismo hondureño” (¿?)  (toda una novedad) pasando por la “eliminación de los partidos tradicionales” y del “Estado neoliberal” y sin faltar, “yo me quedo con la doctrina liberal” como se argumenta desde el tradicionalismo político
Esta falta de claridad, lleva a confundir las posibilidades de triunfo electoral con tener un Proyecto Político Alternativo y hacerlo posible. Se requiere leer de manera inteligente, el tipo de cambio social que la sociedad pueda asumir e identificarse con él, en América Latina existe suficiente constatación empírica para demostrar que las propuestas políticas “radicales” (en nuestro caso ni eso existe) en sociedades con una democracia poco institucionalizada, no son respaldadas de manera que lleve a conformar nuevas mayorías, el caso del FMLN de El Salvador, es más que ilustrativo.
 Por otra parte, resulta que casi siempre, la lógica del poder termina imponiéndose sobre los que tienden únicamente a hacerse notar y la experiencia ha demostrado hasta el cansancio, que la exaltación política no se corresponde con las mayorías electorales o dicho de otra manera, no siempre la voz de la calle coincide con la voluntad mayoritaria en la urnas. Al final, las manifestaciones y asambleas multitudinarias terminan siendo influenciadas por ideas rígidas y mecánicas que impiden el logro de los objetivos de la lucha política.
Ahora bien, una vez cumplido el ritual de los formalismos jurídico-políticos de la inscripción de LIBRE como nueva fuerza política nacional, se impone el verdadero trabajo: UN ACUERDO PROGRAMATICO alrededor del cual aglutinar a los movimientos y tendencias internas, cualquier arreglo interno debería pasar por consensuar un  acuerdo que contenga la visión de un país distinto, un “Acuerdo Programático Alternativo” y al mismo tiempo diferenciador, que contemple un Estado diferente al constituido por las fuerzas oligárquicas, que marque un punto de inflexión que si bien es cierto, sobreviven modos tradicionales de hacer política como producto de una cultura basada en el caudillismo y el clientelismo, sea un proceso de cambio social dirigido por actores políticos nuevos. El sentido común del pueblo ya superó muchas de las viejas nociones políticas que hablaban de un único camino para las transformaciones sociales, con la aparición de La Resistencia se fractura la continuidad de un modelo socialmente excluyente y comienza a perfilarse un proyecto político que apunta directamente al corazón del sistema que margina y empobrece a las mayorías; pero ello requiere de ideas nuevas porque las recetas del pasado, no sirven para solucionar los problemas del futuro.
La construcción de un proyecto alternativo, tiene una complejidad teórica, y va acompañada de una complejidad práctica y que tiene a la vez, con otro tipo de complejidad: la complejidad técnica para desarrollarlo; en el caso de LIBRE – a menos que lo demuestren- no tiene quienes se hagan cargo de todas esas complejidades. Lo anterior, sólo sirve en el caso de que verdaderamente estén interesados en la llamada “refundación”, de lo contrario, no es necesario detenerse en estos “teoricismos”, pues basta desplegar las “habilidades” para “acarear” los votantes a las urnas, fuente de todas la soluciones personales.
Sin embargo, y para amargura de los que creen en “chifladuras” o en la envoltura, LIBRE está libre de un análisis crítico,  ausencia que debe ser superada cuanto antes. La crítica pasa primero por las capacidades de idear y administrar el acuerdo al que se ha hecho mención aquí, es cierto que la política moderna se basa en liderazgos carismáticos, en marketing político y en encuestas, pero no se puede aspirar al poder desde una alternativa distinta sin disponer de grupos dedicados a pensar, estudiar, discutir y proponer. Esta es una de las grandes y más notorias debilidades que los partidos tradicionales han exhibido a lo largo de su historia, se han limitado a elaborar planes de gobierno que nadie lee y cuando llegan al gobierno, se deshacen de ellos porque inmediatamente comienza a funcionar el plan de los poderes fácticos.
Ante la ausencia de think tanks  en el país, LIBRE necesita disponer de un grupo crítico de pensamiento, capaz de suplir esa debilidad y de explicar al pueblo de manera sencilla, en qué consiste el proyecto político que representa y que necesita ser respaldado. Hacerlo o no hacerlo, superar en la medida de lo posible las prácticas políticas tradicionales, servirá para darnos cuenta si se trata de algo distinto o más de lo mismo; ante la ausencia de señales diferenciadoras, se ha comenzado a instalar en ciertos círculos de opinión que de no ser por su liderazgo y la empatía del pueblo, LIBRE sería otro partido más, donde coexisten todo tipo de ideas alejadas de la realidad, con las viejas prácticas políticas de los viejos y conservadores partidos del sistema.
No faltará quien diga que de LIBRE no puede salir algo nuevo porque son las mismas personas de los grupos sociales y de los partidos políticos tradicionales, llevaría mucha razón, pero en éste caso no se trataría de las personas sino más bien de las ideas. Desafortunadamente, éste tiempo posterior al golpe de Estado, no ha servido para deshacerse de las viejas prácticas y tampoco para interiorizar ideas políticas nuevas, los mismos pensando lo mismo, haciendo lo mismo, dará como resultado más de lo mismo. La permisividad desde el liderazgo ha estado a la orden del día.
Por último, LIBRE requiere convertirse en una convergencia opositora y ser percibida de esa manera por el pueblo, pero además, necesita de una construcción política innovadora, lúcida, progresista, con un perfilamiento de centro-izquierda- sin que ello sea una etiqueta- en el que las diferencias convergen en una nueva especificidad y cultivando la cultura de la deliberación. Institucionalizar el modelo de coalición, sus prácticas, la toma de decisiones debe ser parte de la identidad de un proyecto político que representa una opción de transformación social para Honduras.
Sí no se cuenta con esas capacidades, búsquenlas y sí eso tampoco interesa, entonces LIBRE será más de los mismo.
En la tumba de Haya de la Torre, se lee un epitafio que dice: “Aquí yace la Luz”.



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