¿Más
de lo mismo o algo distinto?
“… una
organización de nuevo tipo (más democrática, más ofensiva,
más
popular) con un programa de crítica al ultraliberalismo, estructu-
-rarse y
ganar las elecciones para ir a una constituyente. Es posible.”
Ignacio Ramonet
Rara avis
En las
Ciencias Sociales, el tema de la identidad política sobre todo de los partidos,
viene dada desde tres fuentes: la primera, tiene que ver con el ambiente en el
que nacen sea éste en circunstancias de lucha, de crisis o de estabilidad
social, la segunda, por la cultura política del sistema que puede ser
democrática, tolerante o autoritaria y por último, por la influencia de sus
líderes que dejan la impronta de su pensamiento en el partido. Esto ha sucedido
en varios países latinoamericanos, uno de los casos más emblemáticos que se
puede citar es el de la Alianza Popular Americana (APRA) en Perú, fundada por
Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) quien además fue un pensador e
ideólogo del Partido Aprista Peruano.
El mismo
Haya de La Torre – que era un ilustrado y a la vez luchador social y “… por
accidente, un político”, como solía decir – se encargaba de organizar
seminarios de formación política en temas relacionados con la dialéctica
hegeliana, marxismo y oratoria; en la convicción, que la conciencia social se
adquiere con la ciencia.
Debido al
descrédito que se observa en los partidos políticos desde hace ya varias
décadas, y al desaparecimiento de los llamados partidos tradicionales que
surgieron a partir de comienzos del siglo pasado, en América Latina ya no es
posible observar la construcción de partidos estructurados como los que
surgieron a la luz de las grandes corrientes de pensamiento político
internacionales como el liberalismo, el social cristianismo y el socialismo con todas sus variantes.
Hoy, en
lugar de ello, la organicidad política adquiere forma de conglomerados,
coaliciones, alianzas o frentes instrumentales alrededor de un programa o
simplemente alianzas electorales; la región está llena de ejemplos. En parte,
porque la complejidad y variedad de problemas que afrontan las sociedades
modernas, hacen que no exista una fuerza que por sí sola tenga la capacidad de resolverlos y por otra, por la emergencia de
una serie de fuerzas sociales que luchan desde sus propios espacios, por temas
como el medio ambiente, la diversidad sexual, las etnias, la juventud o las
mujeres que poco a poco han ido imponiendo sus temas en la agenda pública y en
la de los gobiernos.
En
Honduras contra toda lógica política - y como un producto no deseado y menos
esperado por las fuerzas que perpetraron el rompimiento constitucional el 28J-
ha comenzado el surgimiento de una nueva fuerza de carácter nacional que
representa un desafío para el obtuso sistema político, que desafía a las clases
dominantes pero que a la vez, significa un reto para sí misma en términos de
concebirse como una alternativa real de
poder, no solamente por el apoyo que pueda concitar en el pueblo, sino, por
su capacidad creativa de presentarse como algo distinto a los existente.
El primer desafío
del partido denominado Libertad y Refundación (LIBRE), es asimilarse como una
verdadera alternativa de poder porque en política como en otros aspectos, no
hay nada más seductor que ver a otro político con poder. Los inicios de LIBRE
no han sido los mejores si nos atenemos a lo azaroso de su fundación y lo que
ya se sabe sobre el nombre, que si nos fijamos, su identidad es más bien difusa
porque no es producto (el nombre) del ambiente de La Resistencia, tampoco de la cultura política del país y menos de
la influencia de las ideas de su liderazgo sino, del marketing comercial
extrapolado a la política. Hey! ¿Estás con
migo? ¡Claro, Estoy con
tigo! Y como somos Libres,
¡tomamos Coca Cola la chispa de la vida!
En la
política tradicional el peso de lo simbólico no existe porque no es parte de la
comprensión que se tiene de los fenómenos sociales, da lo mismo llamarse de una
manera que de otra, es más importante la envoltura que el producto y según
algunos, seguimos teniendo añoranzas por caudillos del pasado que “sabían
mandar” y tenían “autoridad”, desconociendo con ello, los cambios y la
complejidades de las sociedades actuales en las que la “autoridad” adquiere la
forma de acuerdo, consenso, diálogo y no autoritarismo.
Acuerdo
Programático: la verdadera radicalidad política
Desde el
golpe de Estado militar, hemos asistido a un despertar no solo de las
conciencias (más desde las emociones que de la ciencia como decía Haya de la
Torre) también del pensamiento, hasta de los “teoricismos” y
“academicismos” como señalan algunos, lo
que de ser cierto, representaría un avance del pensamiento sobre todo, del
pensamiento crítico ausente por mucho tiempo también en quienes hacen dichos
señalamientos.
También en
el contexto de La Resistencia, han surgido momentos de exaltación en forma de
virus y en otras ocasiones, de “barras bravas” a la usanza de la derecha más
reaccionaria, además han aparecido “discusiones tóxicas” sobre la “revolución”,
la “refundación”, la “insurrección”, la “auto convocatoria”, el “socialismo
catracho” y todos los maximalismos del pasado. Pero en todas las discusiones,
la gran ausente ha sido la política siendo que solo ella cambia las cosas ya
que sin la política, lo demás es pura aventura.
Lo claro
en LIBRE es lo siguiente: el liderazgo del ex presidente Zelaya, contar una
candidata de consenso y el apoyo popular. Lo gris, es la carencia de unas ideas
que sirvan para dar identidad al partido mismo y a una posible propuesta de
cambio social; coexisten en ese ámbito, “chifladuras” por doquier, desde el
rechazo al proceso electoral por “burgués”, hasta “el socialismo hondureño”
(¿?) (toda una novedad) pasando por la
“eliminación de los partidos tradicionales” y del “Estado neoliberal” y sin
faltar, “yo me quedo con la doctrina liberal” como se argumenta desde el
tradicionalismo político
Esta falta
de claridad, lleva a confundir las posibilidades de triunfo electoral con tener
un Proyecto Político Alternativo y hacerlo posible. Se requiere leer de manera
inteligente, el tipo de cambio social que la sociedad pueda asumir e
identificarse con él, en América Latina existe suficiente constatación empírica
para demostrar que las propuestas políticas “radicales” (en nuestro caso ni eso
existe) en sociedades con una democracia poco institucionalizada, no son
respaldadas de manera que lleve a conformar nuevas mayorías, el caso del FMLN
de El Salvador, es más que ilustrativo.
Por otra parte, resulta que casi siempre, la
lógica del poder termina imponiéndose sobre los que tienden únicamente a
hacerse notar y la experiencia ha demostrado hasta el cansancio, que la
exaltación política no se corresponde con las mayorías electorales o dicho de
otra manera, no siempre la voz de la calle coincide con la voluntad mayoritaria
en la urnas. Al final, las manifestaciones y asambleas multitudinarias terminan
siendo influenciadas por ideas rígidas y mecánicas que impiden el logro de los
objetivos de la lucha política.
Ahora
bien, una vez cumplido el ritual de los formalismos jurídico-políticos de la
inscripción de LIBRE como nueva fuerza política nacional, se impone el
verdadero trabajo: UN ACUERDO PROGRAMATICO alrededor del cual aglutinar a los
movimientos y tendencias internas, cualquier arreglo interno debería pasar por
consensuar un acuerdo que contenga la
visión de un país distinto, un “Acuerdo Programático Alternativo” y al mismo
tiempo diferenciador, que contemple un Estado diferente al constituido por las
fuerzas oligárquicas, que marque un punto de inflexión que si bien es cierto,
sobreviven modos tradicionales de hacer política como producto de una cultura
basada en el caudillismo y el clientelismo, sea un proceso de cambio social
dirigido por actores políticos nuevos. El sentido común del pueblo ya superó
muchas de las viejas nociones políticas que hablaban de un único camino para
las transformaciones sociales, con la aparición de La Resistencia se fractura la continuidad de un modelo socialmente
excluyente y comienza a perfilarse un proyecto político que apunta directamente
al corazón del sistema que margina y empobrece a las mayorías; pero ello
requiere de ideas nuevas porque las recetas del pasado, no sirven para
solucionar los problemas del futuro.
La
construcción de un proyecto alternativo, tiene una complejidad teórica, y va
acompañada de una complejidad práctica y que tiene a la vez, con otro tipo de
complejidad: la complejidad técnica para desarrollarlo; en el caso de LIBRE – a
menos que lo demuestren- no tiene quienes se hagan cargo de todas esas
complejidades. Lo anterior, sólo sirve en el caso de que verdaderamente estén
interesados en la llamada “refundación”, de lo contrario, no es necesario
detenerse en estos “teoricismos”, pues basta desplegar las “habilidades” para
“acarear” los votantes a las urnas, fuente de todas la soluciones personales.
Sin
embargo, y para amargura de los que creen en “chifladuras” o en la envoltura,
LIBRE está libre de un análisis crítico,
ausencia que debe ser superada cuanto antes. La crítica pasa primero por
las capacidades de idear y administrar el acuerdo al que se ha hecho mención
aquí, es cierto que la política moderna se basa en liderazgos carismáticos, en
marketing político y en encuestas, pero no se puede aspirar al poder desde una
alternativa distinta sin disponer de grupos dedicados a pensar, estudiar,
discutir y proponer. Esta es una de las grandes y más notorias debilidades que
los partidos tradicionales han exhibido a lo largo de su historia, se han
limitado a elaborar planes de gobierno que nadie lee y cuando llegan al
gobierno, se deshacen de ellos porque inmediatamente comienza a funcionar el
plan de los poderes fácticos.
Ante la
ausencia de think tanks en el país, LIBRE necesita disponer de un
grupo crítico de pensamiento, capaz de suplir esa debilidad y de explicar al
pueblo de manera sencilla, en qué consiste el proyecto político que representa
y que necesita ser respaldado. Hacerlo o no hacerlo, superar en la medida de lo
posible las prácticas políticas tradicionales, servirá para darnos cuenta si se
trata de algo distinto o más de lo mismo; ante la ausencia de señales
diferenciadoras, se ha comenzado a instalar en ciertos círculos de opinión que
de no ser por su liderazgo y la empatía del pueblo, LIBRE sería otro partido
más, donde coexisten todo tipo de ideas alejadas de la realidad, con las viejas
prácticas políticas de los viejos y conservadores partidos del sistema.
No faltará
quien diga que de LIBRE no puede salir algo nuevo porque son las mismas
personas de los grupos sociales y de los partidos políticos tradicionales,
llevaría mucha razón, pero en éste caso no se trataría de las personas sino más
bien de las ideas. Desafortunadamente, éste tiempo posterior al golpe de
Estado, no ha servido para deshacerse de las viejas prácticas y tampoco para
interiorizar ideas políticas nuevas, los
mismos pensando lo mismo, haciendo lo mismo, dará como resultado más de lo
mismo. La permisividad desde el liderazgo ha estado a la orden del día.
Por
último, LIBRE requiere convertirse en una convergencia opositora y ser
percibida de esa manera por el pueblo, pero además, necesita de una
construcción política innovadora, lúcida, progresista, con un perfilamiento de
centro-izquierda- sin que ello sea una etiqueta- en el que las diferencias
convergen en una nueva especificidad y cultivando la cultura de la
deliberación. Institucionalizar el modelo de coalición, sus prácticas, la toma
de decisiones debe ser parte de la identidad de un proyecto político que
representa una opción de transformación social para Honduras.
Sí no se
cuenta con esas capacidades, búsquenlas y sí eso tampoco interesa, entonces
LIBRE será más de los mismo.
En
la tumba de Haya de la Torre, se lee un epitafio que dice: “Aquí yace la Luz”.
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