lunes, 21 de mayo de 2012

El Fin del bipartidismo: ¿una profecía autocumplida?




“Todo lo que nace, trae consigo la semilla
de su propia autodestrucción”
F. Engels.


Ni el más curtido de los “revolucionarios” se imaginó nunca que la forma de poder oligárquico expresada en el bipartidismo, podría llegar a su final en un tiempo cercano. La tremenda avería que el golpe de Estado militar del 28J iba a producir en el sistema en su conjunto, y al régimen político en particular, no había sido imaginada siquiera por quienes desde posiciones anti sistémicas o desde organizaciones contestatarias, vienen luchando y denunciando sobre todo al llamado “libre mercado” instalado en el país por pequeños e inescrupulosos grupos económicos.
 Lo que ninguna lucha del pueblo había conseguido antes, la “variable de la estupidez” de la derecha atrasada, reaccionaria y violenta lo consiguió: el surgimiento de una herramienta de lucha política que está a punto de poner fin a la  manera como se ha venido repartiendo el poder y el gobierno en el país, a costa de la miseria y pobreza de la mayoría.
La seducción que generó en la oligarquía dar un golpe de Estado para supuestamente detener el “avance del chavismo”  - cuando en verdad de lo que se trataba era de eliminar cualquier obstáculo a sus prebendas y privilegios- se transformó con el tiempo, en el peor error que pudieron cometer solo explicable por el nivel de estupidez política que ha caracterizado siempre a los grupos dominantes “hondureños”.
 La indignación original, progresivamente se fue tornando en movilización, la movilización en conciencia,  la conciencia en necesidad y la necesidad en alternativa. Todo ello, en el marco de una campaña de terror, violencia, amedrentamiento y criminalización de la lucha del pueblo contra el régimen espurio y dictatorial primero, y contra el régimen sucedáneo del golpe después.

Se cayó el sistema

En un alarde de ridiculez digno de ser irrepetible, la derecha criolla a través de sus “lambiscones” se embarcó en el intento de querer hacer aparecer las “elecciones” de 2009, como las más “votadas” y las más “observadas”, intento que contó como es natural, con el apoyo de los lobista$ de la derecha norteamericana y sus congéneres de la región. Y lo lograron, porque efectivamente, fueron las “elecciones” más botadas con “b” alta, el pueblo llama “botado” a algo que no sirve y así lo demostró con su alto rechazo a las mismas; también lograron que fueran las más “observadas”, pero de reojo,  con suspicacia, desconfianza e incredulidad sobre todo por la comunidad internacional y por los organismos especializados en observar procesos electorales como el “Centro Carter” o la Organización de Estados Americanos, que por su carácter neutral, les dan a dichos procesos, importantes grados de reconocimiento internacional y legitimidad al interior de las sociedades donde se realizan, sin importar el ganador.
Pues bien, inmediatamente después del golpe de Estado y viendo los estragos que había causado en el Partido Liberal (36% se abstuvo y no se sabe cuántos  anularon el voto) los operadores políticos del sistema se dieron a la tarea – infructuosa hasta ahora- de evitar su colapso porque ello supone a la vez, el colapso del propio sistema político en el sentido que podría ser modificado en el 2013, con la emergencia y participación de LIBRE donde se agrupan todas las fuerzas opositoras.
El efecto más notable para las elecciones de 2013 es que por primera vez en la historia política de Honduras, el poder se pondrá en juego, por lo menos el poder del gobierno porque el poder que acumulan los grupos fácticos, dependerá de la estrategia que se proponga el partido LIBRE. Una de las condiciones que dan fe del carácter democrático de un régimen político, es la aceptación que una fuerza con signo ideológico distinto pueda acceder al poder sin que ello suponga resistencias o rechazo y, mientras por otro lado, aceptación, porque forma parte de las reglas del juego democrático. El último ejemplo lo vimos con el triunfo electoral del Frente Farabundo Martí de El Salvador, donde la derecha (una de las más ideologizadas del continente) aceptó que un partido como el Farabundo Martí que en su seno coexisten distintas izquierdas, asumiera el poder en el que se mantuvo  ARENA, el partido de la ultraderecha salvadoreña.
Sin embargo, desde LIBRE, no solamente debe asumirse que la oligarquía hará todo lo posible porque ello no ocurra – perder parte o la totalidad del poder- sino, asumir con claridad la necesidad de la unidad de todas las fuerzas que lo integran con una estrategia de lucha que conduzca al poder, ello se constituye en un especie de imperativo categórico algo que el pueblo hace tiempo asumió pero hay quienes se resisten todavía.

Es el poder,  ¡estúpido!

El golpe de Estado militar como ya se sabe, produjo efectos variados y profundos sobre todo a nivel de la conciencia del pueblo, hizo visible la rebeldía de los más pobres que se niegan a asumir que su condición de tal, es producto de un fatalismo divino o por inducción ideológica de los poderosos. El neoliberalismo como una de las últimas formas que ha asumido el capitalismo, también imposibilitó una nueva manera de hacer política distinta a la tradicional y, con ello, poder plantear alternativas desde sensibilidades políticas progresistas.
Hoy, esa posibilidad existe porque la historia no la detienen los golpes de Estado, el dinero o la represión; la historia la hacen los pueblos y en Honduras, el camino del cambio social ha comenzado a ser andado, la fuerza del cambio está en curso, el ciclo del bipartidismo está en camino de finalizar pero esto, hay quienes lo resisten inútilmente. Lo resiste la oligarquía que se niega a aceptar que el golpe de Estado era innecesario, que los motivos esgrimidos eran espurios y que los cambios que impulsaba el ex presidente Zelaya son infinitamente modestos en comparación con los que pueden ocurrir con la participación de un nuevo referente político de centro-izquierda.
También lo resiste la derecha política afincada en los partidos tradicionales, el PINU y el PDCH devenidos éstos últimos en comparsas de los primeros; los politiqueros de oficio no entienden lo que ocurre en el seno del pueblo, les parece ajeno al modo de ser  del hondureño o sea el ser nacional, les resulta incomprensible que el pueblo pueda buscar una alternativa distinta al modo de ser de los politiqueros (atrasados, reaccionarios, mediocres, corruptos es su gran mayoría, autoritarios y antidemocráticos) mantenedores del status quo que en un arrebato de soberbia, se prestaron a dar un Golpe de Estado.
Pero del otro lado, lo resisten grupos de la Resistencia – lo que es ya una gran paradoja – que acostumbrados a un modo de ser distinto a los anteriores, se niegan a superar las viejas trincheras para situarse en una nueva forma de lucha (sin abandonar los principios o la lucha social por ejemplo) de la que se posee poca o ninguna experiencia, pero que es menester acumularla porque la lucha política y electoral, también forman parte de la estrategia por el poder.
Se argumenta desde esos grupos que “no queremos que el FNRP derive en uno de esos partidos que se organizan para las elecciones. Tenemos temor de que la gente que viene de los partidos, que no ha tenido el nivel de lucha que hemos tenido los sindicatos, las organizaciones campesinas y otros, quiera copar la nueva estructura y que el Frente Amplio funcione al estilo de los partidos tradicionales, recreando el bipartidismo de otra forma” (Carlos H. Reyes, www.brecha.com/uy). Si se observa, lo que existen son temores y no argumentos, sin dejar de reconocer que LIBRE pueda convertirse en otro partido  tradicional más, porque en su seno, también anida el tradicionalismo y el conservadurismo; pero ese es su reto, modificar su ser, o sea su propia naturaleza está conformada por fuerzas políticas diversas, por grupos o movimientos sociales y por personas independientes, además, el propósito último es distinto al de los partidos tradicionales y si bien es cierto, las fuerzas políticas provenientes de los otros partidos como el liberal no cuentan con “…el nivel de lucha…”  que tienen los movimientos sociales, tampoco ellos tiene experiencia política y electoral.
Si esto es así, como en verdad lo es, por qué “potenciar” ambas debilidades en lugar de fortalecerlas, ¿por qué en lugar de unir las fortalezas se empeñan en hacerlas aparecer como contradictorias?  Por qué no tener la flexibilidad en la ideas y la generosidad de espíritu, para reconocer que  no obstante  “el imperio y la derecha pensaban que Zelaya cuando regresara volvería a su partido de origen, el liberal” , se incorporó a la lucha junto al pueblo, y, los liberales en resistencia en su gran mayoría, prefieren mantenerse en la lucha conformando un nuevo partido.

Las cosas por su nombre: al pan, pan y al vino, Mel.

Si se revisa la historia de América Latina y sobre todo, la experiencia de las coaliciones políticas, rápidamente nos encontramos que se ha tratado de procesos de lucha de mediano y largo plazo; fue así  con el Frente Amplio en Uruguay, la Concertación de Partidos por la Democracia en Chile, el Frente Farabundo Martí de El Salvador, el Movimiento al Socialismo en Bolivia etc. En algunos de los casos mencionados, el ascenso al poder fue logrado progresivamente, comenzando por posicionarse en las fuentes de poder como las municipalidades o intendencias, en los parlamentos o Asambleas Legislativas y luego en el ejecutivo.
El caso de Honduras, podría romper con esa característica común para algunos casos de ascenso al poder progresiva que se observa en Sudamérica, porque el origen de La Resistencia o incluso del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) - también cuando se planteó la posibilidad de crear un Frente Amplio (FA)- no lo encontramos siquiera en una cultura y política de izquierdas, sino, en un hecho propio de la torpeza de una minoría que ha mantenido envilecido al pueblo.
De la misma manera que el ciclo de dominio oligárquico podría estar llegando a su final, también es cierto que el tiempo de decidir el rumbo político e ideológico de LIBRE, más allá de los enunciados que aparecen en sus propios estatutos, que son eso, enunciados y nada más, porque de lo que se trata es de construir sin complejos, sin concepciones atávicas y con gran sentido de la realidad, una opción de poder mediante una propuesta moderna y progresista de sociedad y, de paso, dar lugar al aparecimiento de la centro-izquierda como parte de una nueva cultura política en el país.
 Seguir con planteamientos que no entienden ni quienes los impulsan, es puro Diazepam (un fármaco que tiene entre otras, propiedades sedantes y puede producir hasta hipnosis) continuar “debatiendo” y “dándole más pensamiento” a algo como el nombre de la ideología de LIBRE, se vuelve inofensivo porque no tiene ninguna consecuencia en la política práctica, ello lo que se exhibe es la poca claridad de lo que significa, un nuevo proyecto político en el país, novedoso y al mismo tiempo, que sirva para diferenciarse de los partidos tradicionales. Por eso, no basta tener vocación de poder y ambición política, (no ambición de poder)  por eso es importante tener a los menos, tres o cuatro ideas claras por sí llega al poder, saber qué hacer.
Es fundamental que se vea al nuevo partido como una estrategia de poder y no como algo que no es ni puede ser: el brazo político del FNRP, tampoco como una derivación del mismo y menos como que la parte es más que el todo, pues por más que nos empecinemos en lo contrario, pronto la realidad se encargará de demostrar que las emociones son solo eso, emociones e igual que los deseos personales porque “lo importante no es que la carnada le guste al pescador, sino que le guste al pez”.
Por último, en un notable ensayo sobre la teoría crítica y la necesidad de de reinventar la emancipación social, el sociólogo portugués Boaventura De Sousa Santos, postula que necesitamos otro tipo de racionalidad, ya que no es posible identificar a la misma razón que critica con la que piensa, porque cuando desconocemos algo, vivimos en un caos y ese mismo desconocimiento hace que la realidad se vuelva incontrolada e incontrolable ya sea en la naturaleza y la sociedad; mientras que saber algo, es poner orden a ese caos. Juntos, busquemos el saber y pongámosle orden al caos para que construyamos una nueva emancipación social junto con el pueblo hondureño.

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