La
política es entre otras cosas una actividad ordenadora, esto es, que en los
órdenes sociales que el hombre ha creado desde que Aristóteles habló por
primera vez de la politika (tiranías,
monarquías, democracias, regímenes autoritarios, totalitarios etc.) se ha
desarrollado la dicotomía poder-oposición o más modernamente,
gobierno-oposición.
Cuando
aparecen los partidos políticos - que son una creación del mundo moderno –
también nacen los sistemas políticos, y con ello, se desarrollan una serie de
teorías, categorías, conceptos etc. que pasan a formar parte del objeto de
estudio de la Ciencia Política y de otras ciencias sociales. Expresiones como
“oposición”, “conducta” o “comportamiento” político, “reglas democráticas”,
“tolerancia”, “pluralismo” “alternancia” en fin, son lo sustantivo de la
llamada “democracia liberal” (burguesa en cierta literatura política) sin
olvidar por supuesto, “sufragio”.
Una
vez que los sistemas políticos se volvieron más sofisticados, la cultura
política dio paso al entendimiento de una serie de fenómenos propios de la
política relacionados con el poder, uno de ellos, es la oposición. Es una
expresión que alude a las controversias que suceden en el proceso de adopción de
decisiones políticas que afectan a una sociedad o grupo determinado, la
oposición aparece y se desarrolla en sociedades más o menos pluralistas y
tolerantes como expresión de ideas e intereses contrapuestos.
También
oposición se refiere al ejercicio de libertades y derechos (de expresión,
reunión, asociación, participación, sufragio y de resistencia) como rasgos
esenciales de sistemas políticos ubicados en las denominadas democracias
occidentales. La oposición puede adquirir diversas formas, pero en el sentido
estricto es decir, como parte del conflicto y la tensión que supone la
política, se presenta como una aspiración contrapuesta de dos fuerzas: una que
detenta el poder y otra que “aspira” al menos, al gobierno; esta aspiración
puede verse realizada a través de la alternancia en el poder siempre y cuando
éste verdaderamente se ponga en juego, y que al final, es decidida por un apoyo
electoral mayoritario lo que quiere decir que la alternancia quien la decide es
la gente.
El
conflicto que en el fondo es la oposición, en el ámbito de la democracia
liberal, se resuelve como se ha mencionado aquí, con la alternancia en el
“poder” pero en la política-práctica adquiere modalidades según el sistema
político en que tenga lugar. En aquellos sistemas parlamentarios por ejemplo,
la oposición mediante un mecanismo de competencia interna selecciona al líder
que asumirá dicha función, sobre todo, después de una elección que ha perdido,
incluso el candidato perdedor puede mantenerse como líder en el congreso y en
otras ocasiones, surgen liderazgos nuevos, tal es el caso de España con Mariano
Rajoy como cabeza del conservador Partido Popular y de la oposición. Lo mismo
sucede en Inglaterra.
En
cambio en sistemas presidencialistas, la oposición se hace desde el Congreso
tal es el caso de Estados Unidos que por lo menos a nivel oficial, la oposición
está en la Cámara de Representantes a través de un minority speaker o portavoz de la minoría. Aquí también es escogido
mediante un mecanismo de votación entre sus pares legislativos del partido, y
se convierte en una figura política importante incluso para el ejecutivo por
cuanto la aprobación de políticas internas y externas, pasan primero por la
cámara y allí se decide si se colabora o se obstruye, según los intereses y el
juego político.
Por su
parte, en América Latina la oposición adopta formas diversas y a menudo depende
de la fuerza política que tenga, fuerza que se ve expresada por el número de
cargos de elección popular con que cuente; diputados, senadores, alcaldes o
intendentes según el caso. Además, en aquellos
sistemas con un presidencialismo fuerte, el papel de la oposición es más
bien débil por su limitada capacidad de influir en la agenda del poder
Ejecutivo por lo que sus actuaciones varían entre el apoyo y el conflicto, y
casi siempre, su conducta está determinada por intereses de corto alcance como
los electorales por lo que en la mayoría de la veces, se trata de una oposición
obstruccionista en la falsa creencia que si
le va mal al gobierno, me va bien a mí.
Ahora
bien, la oposición actúa y se desarrolla en un contexto social determinado en
el que interactúan una serie de intereses variados y complejos dependiendo de
la estructura social de cada caso, se sabe que las crecientes demandas sociales
cuentan con una limitada respuesta y que los canales por los que
tradicionalmente discurren dichas demandas, han perdido en una proporción
preocupante, su capacidad de canalizarlas; me refiero a los partido políticos
que dicho sea de paso, también perdieron el monopolio de la representatividad
ciudadana en éste ámbito, hace mucho rato. Este aspecto resulta crucial para
articular una oposición que pueda ser percibida como “una opción de gobierno”,
existen varios casos en Latinoamérica de partidos fuertes, pero que tenían
serias dificultades para acceder al poder por quedarse en la denuncia social.
En el
caso de Honduras y para no retrotraernos a la época de la independencia donde
aparecieron los “gacistas” o bacos o sea los conservadores; “cacos” o
liberales, moderados, serviles y aristócratas conservadores, fiebres, anarquistas y
descamisados los liberales o “timbucos” y “calandracas”, la oposición ha girado
más bien alrededor de las personalidades que han representado grupos o
facciones de cada partido tradicional desde su fundación: “pirata de agua
dulce”, “revolucionario profesional”, “conspirador incorregible”, “el más caro
de los políticos profesionales” tal son algunos de los adjetivos que la
“oposición” le daba al fundador del Partido Liberal, Policarpo Bonilla.
En un
sistema bipartidista (en la práctica) como el nuestro (según la teoría política
es multipardista) en el que teóricamente el poder lo disputan los dos partidos
tradicionales, la idea de oposición tal como se entiende modernamente, es
decir, como forma de disconformidad política, como disentimiento, como límite,
como alternativa, como contrapeso, como balance, como contraste etc. en una
perspectiva democrática, no existe.
Para
que exista la oposición política deben darse al menos tres condiciones: una, que quienes se consideran
opositores sean distintos, es decir, tener una visión del mundo y de la
sociedad contrapuesta, un modo distinto de ver el Estado, el mercado, tener
valores políticos diferentes incluso, una cultura diferente y en consecuencia
actuar distinto. Dos, aceptación y
por lo tanto, tolerancia del disenso o sea aceptar y respetar la libertad y el
derecho a disentir, a no estar de acuerdo y reconocer la vigencia de la
tolerancia, y tres, que exista
institucionalización de la misma como un principio democrático de la vigencia
del régimen de libertades. Se podría agregar una cuarta condición, reconocer y aceptar que la oposición puede llegar
a ser opción de gobierno, razón por la que el trato hacia la oposición es de
mucho respeto sobre todo, si cuenta con un apoyo político importante.
A la
pregunta ¿quién hará la función de oposición en las condiciones actuales de
continuidad del golpe militar? creo que la respuesta no resulta difícil
encontrarla, pero antes deseo hacer un alcance. Cuando “incubaron” el Partido
Unificación Democrática (UD) se abrieron unas expectativas esperanzadoras
relacionadas con la posibilidad de que un referente político nuevo, “oxigenara”
un poco el atrofiado y desfasado bipartidismo por lo menos, en términos de
oposición; con el andar del tiempo y en la medida que la UD fue alcanzando
cierto poder electoral sobre todo en el Congreso, hizo de la denuncia ciudadana
no sólo su táctica de lucha política, sino también, una forma de oposición y
como bien dice el mismo editorial aquí citado, al haber renunciado a la
oposición, la clase política oligárquica
(el subrayado es mío) se abalanzó sobre la disidencia representada en los
diputados “udeistas”, en una muestra más de intolerancia y de total irrespeto a
las condiciones mínimas del funcionamiento de la oposición.
Las
humillaciones, insultos y groserías de que han sido objeto esos diputados,
asfixian cualquier espíritu democrático. Sin embargo, podría objetarse y con
razón, que la función de oposición ya no la puede ejercer la UD dado la
decisión de integrar la junta directiva del Congreso y el nuevo gobierno. Sobre
lo primero, soy de la opinión que es un acto que corresponde a la política
misma ya que pertenecen a un poder eminentemente político como es el Congreso,
ocurre en cualquier parlamento de cualquier democracia que se precie de ser
moderna y democrática, lo segundo, eso sí me parece que invalida política y
éticamente el derecho de hacer oposición, lejos de ayudar a la supuesta “unidad
nacional”, se parce más a un acto de oportunismo políticamente impresentable.
Si se
responde la pregunta planteada líneas arriba sobre quien debería ejercer
oposición post golpe militar, en un sistema donde la oposición tiene un nivel
importante de institucionalización debería hacerla un partido político pero
ante esa ausencia, seguramente le corresponderá a una fuerza social que en el
momento actual, está aglutinada en EL FRENTE NACIONAL DE RESISTENCIA POPULAR.
La teoría política postula que las fuerzas sociales expresadas en movimientos y
otras formas de organización, no tienen la función de hacer oposición política
pues sus intereses se dirigen a conseguir determinados objetivos específicos.
Hace
ya mucho tiempo, que se ha instalado en el ambiente político y en parte del
imaginario colectivo que los partidos políticos tradicionales son como “dos
hermanos que cada vez se parecen más”, y últimamente, se ha acuñado la frase
“el partido púrpura” para significar con ello, el desaparecimiento de las
“diferencias” entre ambos y la unificación total de la élites que en ellos están
representadas, tal como se demostró durante el golpe militar. La actual
dirigencia del Partido Liberal casi en su totalidad, estuvo comprometida en la
conspiración institucional contra el ex presidente Zelaya por lo que es fácil
deducir, que tampoco puede hacer oposición, queda por ver, si el grupo del
partido que se opuso al golpe está en capacidad de ejercerla.
Pero
más importante que interrogarse sobre quién asumirá la oposición, es cómo se
hace oposición y cómo debería ser. Claramente no es fácil abordar el tema sobre
todo en una situación excepcional como la que vive Honduras, donde persisten
hechos que caracterizaron al régimen de facto instaurado por la fuerza el 28 de
junio como ser, la violación de los Derechos Humanos, la violencia contra
miembros y familiares de personas y dirigentes del Frente de Resistencia, la
presencia en las instituciones del Estado de quienes dirigieron el golpe
militar, los medios de comunicación en su mayoría continúan empecinados en mantener
el status quo y transmitir
falsamente, la sensación de normalidad frente a hechos gravísimos como los
mencionados.
No
existe una receta pero sí algunos criterios que puede servir para orientar la
creación de oposición : a. debe ser
hecha por un liderazgo con credibilidad e importante figuración política, b. ser lo suficientemente inteligente
para encontrar el equilibrio entre discrepar, destruir y proponer sobre todo si
se tiene en consideración el objetivo de constituirse en opción de gobierno, c. debe ser capaz de mostrar las
diferencias con el gobierno porque le hace mal a la democracia que los
ciudadanos no perciban esas diferencias, d.
debe ser capaz también, de hacer ver a la opinión pública que la oposición es
un elemento esencial en el debate político y e. no ser percibida como una amenaza.
Por
último, cuando la oposición política no existe, hay que crearla dice un lugar
común porque sin ella, cualquier arbitrariedad puede ocurrir; abusos de poder,
violación de la leyes, violación a la libertades y derechos etc. lo que da
lugar sin duda, al surgimiento de la resistencia como un derecho y con ello
aparece la desobediencia civil. La resistencia es la última opción que queda
cuando se le niega a la oposición, el derecho de existir; presupone el rechazo
y la ilegitimización del orden establecido por parte de amplios sectores de la
sociedad. Hace poco le pregunté a un dirigente social en una comunidad de
Comayagua, sobre lo “positivo” del golpe de Estado y en una muestra más de la
toma de conciencia social y política de amplios sectores de la sociedad, sobre
todo los más excluidos por el sistema, respondió con una seguridad que asombra:
el golpe mismo!. Si quienes han vivido en la exclusión por años (cuasi
analfabetos por demás) tienen esa claridad, ¿existirán otros (supuestamente
letrados) con la capacidad para crear la oposición política en el país del
partido “púrpura”? la respuesta, en un momento más.
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